LA ENCICLOPEDIA DE CANGAS DE ONIS

LA ENCICLOPEDIA DE CANGAS DE ONIS REUNE Y DIVULGA DATOS ESPECIALIZADOS O DISPERSOS QUE NO PODRIAN SER HALLADOS CON FACILIDAD

lunes, 5 de marzo de 2012

FABRICA DE HOJA DE LATA EN CANGAS DE ONIS


Fragmento extraido del diccionario de Canga Argüelles



En Cangas de Onis una vez hace mucho tiempo existió una fabrica, hoy intentaremos desvelar algunos secretos sobre ella;
La Real Fabrica de hoja de lata de Fontameña, estaba ubicada realmente en lo que hoy pertenece al concejo de Parres, aunque todos los escritos historicos que encontramos sobre ella hacen referencia a su localización en Cangas de Onis
Jose N. Alcala Zamora, en su libro, Altos hornos y poder naval en la España de la edad moderna, hace mencion importante a la manufactura de hoja de lata en La Vega del Sella Cangas de Onis , 1803, a la cual adjudicara Canga Argüelles en su célebre diccionario el mérito en el adelantamiento en este campo.
En La Memoria presentada al Exmo Ministro de comercio, instrucción y obras públicas en el año 1850 , no parece ser que pintara bien la cosa ya que nos dice lo siguiente;


No valen tanto las hojas de lata, ni ofrecen al consumidor las mismas ventajas. El mal éxito de algunos establecimientos, destinados ántes de ahora á su fabricacion, la pérdida sucesiva de los de Cangas de Onís y de Torrelavega, emprendidos con mejor celo que fortuna, y los pocos ensayos realizados despues para aclimatar esta industria en nuestro suelo, si le dan hoy cierta novedad, demuestran tambien las dificultades que es preciso vencer , para obtenerla tan perfecta como se exige ya en nuestros talleres , y como se requiere para emplearla ventajosamente en la infinidad de útiles y artefactos que con la lata se construyen.


En la guia legislativa de Leyes , Decretos , Ordenes y Circulares de la la coleccion legislativa oficial de España dice lo siguiente:

Libertad de derechos en favor de la fábrica de hoja de lata de Cangas de Onis, 13 de Julio de 1817

Afortunadamente hoy todavia podemos ver parte de las instalaciones de lo que un dia fue la fabrica.

viernes, 2 de marzo de 2012

SE CREA EL PATRONATO NACIONAL DE LA GRUTA Y REAL SITIO DE COVADONGA

ENTRE SUS FINES FIGURA LA HABILITACION DE VIAS DE COMUNICACION Y MEDIOS DE TRANSPORTE

Martes 5 de Febrero de 1952

El boletín oficial del Estado publicará hoy un decreto-ley por el que se crea el patronato Nacional de la Gruta y Real Sitio de Covadonga, que ejercerá las siguientes funciones;

Disponer la ejecución de obras, servicios e instalaciones que sirvan al fomento de los intereses religiosos y de intensificación del culto en el Santuario ( Seminario, Escolania, Casa de Ejercicios) ; realizar lo necesario para resolver adecuadamente la hospitalidady estancia de los peregrinos y visitantes del Real Sitio, mediante el establecimiento de , hoteles, hostales y refugios acomodados a distintas posibilidades económicas ; promover la construción y establecimiento de medios de transportes, vias de comunicación para facilitar el acceso al Real Sitio y montes aledaños; desenvolver cuantas iniciativas y proyectos tiendan a dar eficacia  y esplendor a los aspectos Histórico-Artistícos del Santuario. Todo ello según los planes y proyectos estudiados y aprobados, dentro de su competencia, por el Patronato y sancionado por los Ministerios que respectivamente afecten las actividades, obras y servicios.
Bajo la Presidencia de honor del Jefe del Estado, se constituirá el Patronato Nacional , con sede en la Ciudad de Oviedo, y estará regido por una junta que presidirá el Ministro de la Gobernación. La presidencia efectiva corresponderá al Obispo de la diócesis, actuando de Vicepresidente el presidente de la Diputación Provincial, y como vocales, el Abad y tres miembros del Cabildo de la Real Colegiata;  el Dean de la Catedral de Oviedo y dos Diputados desigandos por la Corporación Provincial ; los alcaldes de Oviedo, Gijon , Cangas de onis, Langreo, Mieres y Aviles; un representante de cada uno de los Ministerios de la Gobernación , Educación Nacional, Obras Publicas, Agricultura e Información y Turismo.
Se consideran de utilidad pública los proyectos de obras e instalaciones que efectúe el Patronato.

miércoles, 29 de febrero de 2012

LA ESPADA DE D. PELAYO




Replica de la espada de D. Pelayo




El catalogo de la Real Armeria nos describe la Espada de D. Pelayo


1659. Espada de Pelayo [*]. Es de cuatro mesas y de lomo: guarnicion pavonada, sogueada, con dos puentes, : pomo de muleta con dos veneras; puño con torzal de plata y seda, de fecha mas moderna. Largo de la hoja 1 vara y 2 pulgadas. Pesa 3 libras y 1 onza. Tiene la m. 36 [**]. [V. dib. de S., tom. I, lám. 23.]


«Si el origen que se atribuye á esta espada, dice Jubinal, estuviese probado de una manera incontestable, sería á la vez la mas ilustre y la mas antigua de la Armería.» Vamos pues á contestar á la duda de dicho escritor, manifestando lo que acerca de tan interesantísimo objeto hemos podido y conseguido investigar. Nos consta de una manera certísima que hasta el año de 1775 existia en el celebre santuario de Covadonga en Asturias una espada que, por tradicion constante, la atribuían á don Pelayo. Ocurrió en dicho año un incendio en el mencionado santuario que casi lo destruyó. Viendo su abad el estado lastimoso en que habia quedado, se diri- jió á Madrid á implorar los auxilios del rey Carlos III para la reedificacion del edificio . y al presentarse á el le entregó como un obsequio la espada que tantos siglos hacía se hallaba custodiada en Covadonga. — En un inventario particular de las espadas existentes en la Armería, hecho en los últimos años del reinado del dicho Carlos III, se menciona por primera vez y se describe una espada tan exacta y terminantemente como arriba lo hemos hecho, y se la denominaba de Pelayo. Coincide pues la fecha de la entrega con la del inventario. Su aspecto es sumamente sencillo y de estilo gótico; de manera que así por esto como por los antecedentes de su referida procedencia, decimos que es del héroe á quien se atribuye.

 Como por la inspeccion de la marca de esta espada pudiera alguno suscitar dudas acerca de haber pertenecido á un héroe del siglo VIII, en vista de que dicha marca se asemeja á una espadilla ó cruz de Santiago, y de que la orden española de este Apostol se dice fue instituida

Es de suponer que esta espada , 150 años despues de la confección de este catalogo seguira estando en las dependencias de la Real Armeria , quizas no fuera mala idea reclamarla para exponerla en su lugar de origen.

lunes, 27 de febrero de 2012

EL TRANVIA DE COVADONGA



31 de octubre de 1933

Tenía ya muchos años...

Muchos años y demasiadas fatigas.
Si ya no podía...¡ni tirar de sí mismo!
Doña María descorrió los visillos de los ventanales y se asomó al balcón. Estaba allí, frente a la puerta de su casa, inmóvil, quieto, como desvanecido, entre un corro de vecinos que evocaban sus idas y venidas, sus vueltas y revueltas, sus subidas y bajadas por todo el concejo. Lo miró apenada.
Estuvo contemplándolo durante largo tiempo, en silencio. La luz cenicienta del crepúsculo reverberaba tristemente sobre su gran lomo negro. Era el fin. Sintió nostalgia y añoranza. Algo de su vida pensó se había muerto también en aquel último día de octubre de 1933. Algo se acababa, se detenía para siempre, como aquella locomotora varada definitivamente sobre las vías.
Desde ahora... ¡todo sería tan distinto! Ya no volvería a escuchar los tañidos nerviosos del campanón anunciando la salida, ni los gritos agudos de Tomás mientras paleaba el carbón, ni los pasos rápidos de Pachín, pregonando por los andenes:
Señores pasajeros..., ¡al tren!
* * *
No habían pasado tantos años desde que subió en aquel tren por primera vez. Fue en 1908, cuando inauguraron la línea ferrea. ¡Qué acontecimiento! ¡Un tren que llegaba hasta Covadonga! Comenzaron a venir desde entonces oleadas de peregrinos de toda Asturias hasta aquella estacioncita de Arriondas. Algunos seguían subiendo a Covadonga a pie, pero por devoción y no porque no hubiera otro remedio, como antes, ya que gracias a este tren que acababa de realizar su último viaje, se llegaba hasta el Santuario con toda comodidad.
Con el paso de los años veinticinco, exactamente se fue comprobando que la comodidad no era tanta. Y si no, que se lo preguntaran a Tomás, el maquinista, que se las veía y deseaba para poner en marcha aquella locomotora pesadota que soltaba, al arrancar, un largo chorro de humo blanco, formando una neblina caliginosa y parduzca de vapores y carbonilla, entre la que los viajeros se tenían que despedir casi a tientas...
A pesar de todo, a doña María le gustaba viajar en este tren. ¡Qué delicia escuchar cómo los jadeos de la locomotora se iban convirtiendo en un trac trac monocorde, mientras la bocanada de vapor se diluía en tenues fumarolas grises sobre la silueta imponente de los Picos de Europa! ¡Qué maravilla contemplar, desde las ventanillas, las casas con los tejados de color ocre, el puente de piedra, las huertas, las sementeras, los prados, los caminos bordeados de castaños y las orillas fangosas del río, mientras se perdía en la lejanía el perfil de la iglesia, que el bueno de don Lino , un antiguo párroco, había tardado diez años en construir! Más bien, en empezar a construir...
Sí; realmente se daba cuenta ahora , este pequeño tren de vapor de la Compañía Angloespañola que transportaba manganeso desde las minas de Bufarrera tardaba una enormidad. Era verdad lo que comentaban los vecinos: no tenía fuelle suficiente para las cuestas y habían hecho bien en jubilarlo; no era más que un trenezuelo de vía estrecha sin pretensiones; una antigualla de comienzos de siglo; pero... había un pero: a pesar de sus traqueteos entre emisiones de carbonilla, a pesar de sus vaivenes bruscos y sus bamboleos frenéticos sobre las vías, a pesar de todo, aquel "caballo de hierro" era humano; dentro de aquellos vagones de madera pintados de verde se podía hablar, reír y cantar sin agobios, como en las antiguas diligencias que había conocido en su niñez; y además...
... Además, aquel tren, que iba y venía constantemente a los pies de la Virgen, era como el símbolo de su propia vida. Su vida había transcurrido casi siempre aquí , entre estos concejos del oriente de Asturias; primero en Caravia, junto al oleaje furioso del Cantábrico, en la otra falda de la montaña; y luego, a partir de 1901, cuando se casó, en este pueblecito recostado junto a la ribera del Sella , uno de los cinco ríos astures que el Rey Alfonso el Sabio llamó "ríos caudales".
Amaba este río; un río impetuoso , arisco, bravo, casi salvaje, como los torrentes que descendían, entre riscos y desfiladeros, desde los heleros perpetuos de los Picos de Europa hasta las aguas frías del mar. Este era su mundo: montañas, mar y cielo.
Ese mundo, como este tren, se iba desvaneciendo poco a poco... Ya no volvería a escuchar los gritos de Cuétara o Hipólito, los interventores, anunciando las próximas estaciones:
¡Laaas Rozas!
¡Villanueva!
¡Cangas de Oniiiiís!
Cangas de Onís... Años atrás, cuando era una joven alumna de la Escuela de Magisterio en Oviedo, había estudiado la historia de este pueblo, célebre por su puentón medieval de cinco ojos, que fue capital de la monarquía asturiana y corte de don Pelayo allá por el siglo VIII. Los niños de las escuelas repetían de memoria los nombres de los reyes: Favila, Alfonso I, Fruela I, Aurelio, Silo, Mauregato, Bermudo y Alfonso el Casto, que trasladó definitivamente la Corte a Oviedo...

En 1898, al acabar la carrera de Magisterio, ella había evocado estas glorias locales durante la kermesse patriótica que se organizó en Caravia. España estaba destrozada por el desastre de la guerra de Cuba, y parecía desmoronarse en medio de un pesimismo derrotista e indolente. Entonces, con la intrepidez de sus veintiún años, quiso recordar a sus paisanos la necesidad de aprender las lecciones del pasado. "Aquí —dijo bastante nerviosa, porque era la primera vez que hablaba en público y le estaba escuchando la flor y nata de su pueblo—, aquí mismo, en la pequeña patria, ahí cerca de nosotros, está un perenne monumento de lo que fuimos y lo que somos, de lo que valemos y de lo que somos capaces de lograr en los momentos angustiosos, en las crisis supremas de nuestra historia" .
También ella, a lo largo de su vida, había atravesado situaciones terribles y angustiosas... En esos momentos tomaba el tren de Covadonga, llegaba hasta Repelao y subía hasta las inmediaciones del Santuario, confundida entre los peregrinos que visitaban la cueva de don Pelayo y leían en voz alta la inscripción exterior del sarcófago:
AQUI YAZE EL S.REY DON PELAIO
ELLETO EL ANO DE 716 QVE EN
ESTA MILAGROSA CUEBA COME
NZO LA RESTAURACION DE ESPA
ÑA BENZIDOS LOS MOROS FALLE
CIO
ÑO 737 Y LE ACOMPAÑA SS MUGER Y
ERMANA .

Doña María entornó las contraventanas y corrió los visillos. ¡Qué diferentes serían ahora, sin aquel tren, sus viajes a Covadonga para rezar ante la Santina! Ya nada sería lo mismo... Todo había cambiado desde el verano anterior, desde aquel día de julio del 32 en el que se le había ido José María...


José María Somoano en los comienzos del Opus Dei

Autor: José Miguel Cejas

El periodista José Miguel Cejas reconstruye la vida del sacerdote asturiano José María Somoano, nacido en 1902 y muerto en extrañas circunstancias en 1932, al inicio de la violenta persecución religiosa que culminó durante la guerra civil española

viernes, 24 de febrero de 2012

HISTORIA DEL METEORITO DE CANGAS DE ONIS

La mañana del 6 de diciembre de 1866 estaba lúcida y soleada en Asturias;
en Oviedo a las 9 de mañana la presión atmosférica era de 746,77 mm, la temperatura de 7°C y la humedad relativa del 9 5% (Luanco, 1874). Entre las diez y media y las once horas , los habitantes de Cangas de Onís y de las aldeas circundantes en un radio de 2 a 4 km oyeron un ruido proveniente del cielo parecido 'al de una locomotora'.


Los que pudieron dirigir su mirada al cielo vieron con toda nitidez cómo una nube blanquecina se venía rápidamente hacia ellos desde el Norte, 'arrojando chispas', es decir fragmentos del
meteorito principal, que cayeron al suelo.


Las que impactaron cerca de lugares habitados fueron recogidas y algunas de ellas estaban todavía calientes.


Aunque el fenómeno fue observado por numerosas personas, no hay noticias fidedignas sobre los datos de su trayectoria durante su paso por la atmósfera.


Según las observaciones que pudo recoger Manuel González Rubín, entonces farmacéutico de Cangas de Onís, el meteoro marchaba de Norte a Sur y el ruido se oyó más intensamente en varios punios distantes de Cangas que en la propia villa; él mismo dice no haber oído nada desde el interior de su farmacia, donde en esos momentos se encontraba

Manuel González Rubín se interesó de una manera especial por este suceso y fue a diversos lugares de la región para recoger información y material.


A través del seguimiento que hizo es posible saber que cayeron diversas piezas en Olicío, Villa, Parda, Hortigosa y Canaliegos, lugares todos ellos pertenecientes a la parroquia de San Martín de Margolles. En estas villas diversos vecinos habían recogido pequeños ejemplares 'el que más de
un cuarterón' hasta un total de 16 (carta de 20 de diciembre de 1866. en: Luanco. 1874, p. 90) con pesos entre 920 y 115 g.

La masa principal de este meteorito fue entregada al Alcalde de Cangas de Onís quien el sábado
15 de diciembre de 1866 lo envió a Oviedo para el Gobernador de Asturias (Cortés, carta de 20 de diciembre de 1866. en: Luanco. 1874, p. 90); éste a su vez lo entregó al Rector de la Universidad
para que lo colocase en el Gabinete de Historia Natural' que es donde se encontraba en 1873

El meteorito de Cangas de Onís se clasificó por Meunier como Mesminita. por analogía con el recogido en 1866 en Saint-Mesmin, o sea, como un oligosidereo (con hierro poco abundante),
constituido por rocas poligénicas, con estructura brechiforme, mezcla de dos tipos litológícos principalmente: fragmentos blancos de montresita cementados por una pasta obscura de limerickila (Meunier, 1873). La densidad es de 3,7044 g/cm3


Los análisis modales presentados por Williams et al. (1985) muestran que consiste en un 60 ± 5% en volumen de clastos angulosos, con tamaños mayores o iguales a 2 mm de tipo H6. y en 40 ±
5 % de matriz clástica con tamaños menores a 2 mm. Contiene olivino de tipo Fa18 (Mason, 1963). Los olivinos (Fa1 9) y piroxenos con bajo contenido de Ca (Fs1 7Wo1 4 ) son homogéneos tanto en la matriz como en los clastos. Sin embargo, en la matriz hay cóndrulos en un estado de recristalización menor que en los clastos, recordando la textura de las condritas tipo H5.

jueves, 23 de febrero de 2012

Los primeros cangueses


Un homo sapiens de hace 9.500 años, el único resto humano del período aciliense encontrado en España, se encuentra en el Museo Arqueológico Provincial de Oviedo, después de ser estudiado durante varios años en el departamento de antropología de la Universidad Complutense de Madrid. El fósil humano fue descubierto en el verano de 1975 en la cueva Los Azules, de Cangas de Onís, por un equipo de investigadores prehistóricos que continúa aún las excavaciones en dicha cueva. Los estudios realizados en Madrid dieron como resultado que el fósil perteneció a un hombre de 1,75 metros de estatura, de fuerte contextura, con una dentición magnífica, aunque abrasionada, debido posiblemente a una alimentación abundante en vegetales. Se cree que falleció a la edad de 35 años. El estudio de paleopatología demostró la existencia de pie valgo, defecto congénito.Este hominido de hace 9.500 años, según demostró la prueba del carbono catorce, era un homo sapiens, posiblemente de los últimos cromagnon, de finales del paleolítico superior. Es el único resto humano del período aciliense hallado en España y uno de los cuatro aparecidos en Europa. Es también el único resto humano del paleolítico español aparecido en sepultura intencionada, una fosa de unos dos metros de largo, en la que yacía de espalda, con las manos sobre el vientre, rodeado de ofrendas funerarias como utensilios líticos, arpones de asta de ciervo, guijarros pintados. La tumba se encontraba cubierta por un túmulo de cantos rodados.

lunes, 20 de febrero de 2012

MANUEL SANCHEZ NORIEGA " EL CORITU"


Manuel Sánchez Noriega nació hacia 1.890 en el concejo de Cangas de Onís, aunque otras versiones le hacen natural de la zona de Peñamellera. Como otros muchos habitantes de la región emigró a México, cogiéndole de lleno los peores momentos de la revolución en el país azteca. Según sus propias palabras, Sánchez Noriega ejercía como tratante de ganado en el norte, y allí se enroló en las unidades irregulares de caballería del general Francisco Villa.


Regresó a España con algunos fondos y se dedicó de nuevo a su profesión de comerciante de vacuno, ingresando en el Partido Socialista. Su principal campo de trabajo era la zona oriental de Asturias, en las fronteras con Santander y León, por lo que al comenzar la guerra civil su conocimiento del terreno y su fama de “ macho “ lo convirtieron en el jefe de los grupos de voluntarios que conservaron la zona de los puertos con León.
Sánchez Noriega, al que apodaban el “ Coritu “, tenía una personalidad ostentosa y le gustaba la fama, por lo que se fue formando sobre su persona una leyenda que él mismo alimentaba. Corrían rumores de que Villa le había encargado comprar armas en Europa y que había vuelto a España apropiándose de los fondos, que fue oficial con Villa y que había matado a mucha gente en duelo. Lo que si era cierto es que su chófer y guardaespaldas era un tipo mexicano cien por cien al que conocían como el “ Chingao “, que andaba cargado de armas y cananas y que había venido de México con el “ Coritu “.


El "machismo" proverbial del Coritu motivó frecuentes altercados con otras unidades, altercados que llegaron a causar serios incidentes, a los que echó tierra su amigo Belarmino Tomás, como presidente del Consejo Soberano. Uno de los más significados se dio con las unidades vascas.

Después de la caída de Santander la Brigada vasca se estableció en la zona de Cangas de Onís, en donde estuvo unos días de descanso para reponerse del castigo sufrido en el "Mazucu". Dependientes para su aprovisionamiento del depósito instalado en Cangas, el jefe de la Brigada envió unos camiones a por gasolina. A los conductores vascos les explicaron en el almacén que era necesario un vale firmado por el Coritu y se dirigieron a su Estado Mayor, instalado en un antiguo caserón en las afueras de la villa. El Coritu no solo no les dio el vale necesario, sino que además insultó a los conductores vascos llamándoles cobardes, traidores, responsables de la caída de Bilbao y mentándoles la madre “ a la mexicana “.


Su carácter violento e impulsivo se manifestaba no solo con los extraños, sino también con sus propios amigos. Su principal hombre de confianza era Remigio Arduengo, que, como él, había estado muchos años en México y que fue uno de los principales organizadores del robo de ganado en la zona de Valdeón. Arduengo tenia fama de buen tirador de pistola y era tan “ bocón “ como el Coritu, con el resultado de que ambos acabaron discutiendo y rompiendo la amistad. Cierto día se encontraron delante del ayuntamiento de Cangas de Onís al pasar el Coritu en su coche. Se detuvo éste y salió con la pistola en la mano insultando a Arduengo . Remigio desenfundó su arma y se dirigió al coche contestando a los insultos. A medida que se acercaban, ambos iban bajando la voz, mientras los espectadores buscaban refugio para apartarse del inminente tiroteo. Ya junto a su coche hablaron un rato en voz baja y acabaron por darse la mano y marcharon cada uno por su lado, con lo que la tragedia quedó reducida a sainete.
El Coritu era hombre de gestos espectaculares, pero en el fondo una buena persona. Abundan sus rasgos con los soldados heridos, llegando a descalzarse él y descalzar a sus oficiales para entregar las botas a solados que no las tenían y su coche se empleó muchas veces como ambulancia improvisada para trasladar al hospital a los congelados. Lo que no era obstáculo para que emplease su vehículo oficial para sus animadas juergas.


A Manuel Sánchez Noriega se le debe la salvación de la Virgen de Covadonga y de las joyas. El envió la Santina a Gijón, de donde más tarde fue trasladada a Francia por Eleuterio Quintanilla, y gracias a su gestión pudieron volver al santuario finalizada la guerra.


Ante la propaganda oficial franquista de que solo los culpables de delitos de sangre pagarían, Sánchez Noriega se creyó sin problemas, pero aceptó el salvoconducto de Belarmino Tomás y se embarcó en Gijón en el mismo pesquero en el que huían Arturo Vázquez y Lucio Deago entre otros jefes. Interceptados por el “ Cervera “, fueron conducidos al campo de concentración de Camposancos en Pontevedra. Al Coritu lo trasladaron a Asturias y después de un Consejo de Guerra sumarísimo fue fusilado en Gijón.

sábado, 18 de febrero de 2012

El bibliófilo Felipe de Soto Posada

http://www.ignaciogracianoriega.net/enh/20050117.htm

http://www.ignaciogracianoriega.net/index.htm

ENTREVISTAS EN LA HISTORA

José Ignacio Gracia Noriega

No gozan de buena fama los bibliófilos en general, porque parte de ellos (no digo todos) coleccionan libros como quien colecciona piedras o esquelas mortuorias, y los más no los leen, por si se desgastan. Conocí a uno de este gremio para quien la aventura del libro terminaba en el momento en que el libro llegaba a su poder, lo fichaba y lo colocaba en el lugar que le había asignado en la estantería. Podía pasar años detrás de la pista de un libro, mas en el momento en que lo adquiría perdía todo interés. Este bibliófilo, sin duda alguna, pertenece a la estirpe de los cazadores a los que no les gusta la caza y de los pescadores que no comen lo que pescan. En cierta ocasión me dejó un ejemplar intonso. Naturalmente, abrí sus páginas para leerlo, y cuando se lo devolví, llevó el gran disgusto, y me echó una bronca: «¡Pero cómo se te ocurrió abrirlo...!». No concebía que los libros, además de servir para muchos otros usos, a lo que parece, sirvieran también para ser leídos.

Ramón Rodríguez Álvarez, director de la Biblioteca de la Universidad de Oviedo, defiende en su estudio «Dos bibliófilos asturianos del siglo XIX: Felipe de Soto Posada y Sebastián de Soto Cortés» que, contra lo que se opina, «Asturias ha sido tierra de destacados bibliófilos», aunque «no se les ha prestado la atención que merecen». Ya en la Edad Media sobresalieron obispos ovetenses bibliófilos, como el famoso don Pelayo, o don Gutierre de Toledo, y en época renacentista, don Diego de Muros. De don Gerónimo de Velasco, que tomó posesión como obispo de Oviedo en el año 1556, anota Marañón de Espinosa que, «aunque tenía gran librería, no había volumen que no tuviese visto y anotado y pasado hasta la última hoja». Esto es, era lo contrario del bibliófilo de sainete.

También fue bibliófilo de mérito don Felipe de Soto Posada, inculcándole esa afición a su hijo don Sebastián de Soto Cortés, este último gran coleccionista de libros raros y objetos artísticos y arqueológicos. «Ambas figuras –escribe Ramón Rodríguez–, emparentadas no sólo por estrechísimos lazos de sangre, sino también por la profunda pasión que uno y otro sentían por los libros, lograron reunir importantes colecciones, que en su mayor parte, al igual que muchas de sus antigüedades arqueológicas, permanecen felizmente en nuestra tierra».

Visitamos a don Felipe de Soto Posada en su palacio de Labra, concejo de Cangas de Onís, elevado sobre el valle de Corao y que ofrece, desde la galería del Sur, un espléndido paño de los Picos de Europa cerrando el horizonte, con las cumbres y las laderas cubiertas de nieve. La visión es majestuosa, pero don Felipe prefiere pasar a la biblioteca, en la que se está más caliente.

—Pues muy bien –comienza a decir don Felipe de Soto Cortés–. Así que me va a hacer una entrevista. Ya sé que le hizo una a mi hijo Sebastián. ¿Y yo qué tendré que hacer ante sus preguntas? ¿Contestar o responder? Dígame qué le parece.

—Me parece una memez andar distinguiendo entre «contestar» y «responder», pero bien sé que no es cosa suya, don Felipe.

—A mí también me parece una memez. Pero pregunte, que respondo.

—Responda o conteste, según le convenga. Yo le pregunto dónde nació.

—Nací en Villaviciosa, el jueves 8 de noviembre de 1798, siendo bautizado el mismo día en la iglesia de Santa María de Concejo de esa villa. Mi padre era don Pedro Soto Ribero, natural de Labra, en el concejo de Cangas de Onís, y mi madre, doña Lorenza Posada Jovellanos, de Onao, en el mismo concejo. Mi abuela materna, doña Juana Jacinta Jovellanos y Rodríguez de Miranda, era la segunda hermana del ilustre Jovellanos. Mi vida siempre estuvo muy vinculada a este palacio de Labra, así como la de mi hijo, Sebastián de Soto Cortés, a quien usted ya conoce. Mi padre era alférez de navío de la Real Armada, y al quedar viudo de mi madre, contrajo nuevas nupcias con doña Antonia Argüelles Cienfuegos. Siendo yo niño de 11 años, y mi hermano Sebastián más pequeño, fuimos trasladados a Andalucía, donde mi padre había fletado el bergantín «Carmen»: pero murió poco después en Sevilla, a finales de 1809, quedando mi hermano y yo al cuidado de unos tíos, que nos dieron mal trato, por lo que hube de escribirle una carta a nuestro abuelo materno, don Sebastián de Posada, el cual nos reclamó y nos devolvió a Asturias.

—¿Y en Asturias inició su educación?

—Sí, en el monasterio de Celorio, donde fray Bartolomé Mayor, el monje encargado de nuestra educación, hizo todo lo que estuvo en sus manos para hacernos desagradable nuestra estancia allí. Por fin, la justicia territorial nombró tutores nuestros a don Ramón de Posada y Soto, presidente del Supremo Tribunal de Justicia, y a don Pedro Inguanzo y Rivero, canónigo doctoral de la catedral de Oviedo, que llegaría a ser, con el tiempo, arzobispo de Toledo y cardenal. Gracias a ello, mi hermano y yo cursamos los estudios de Leyes en Valladolid, donde tuvo lugar la muerte de mi hermano Sebastián, muy joven aún. Yo, por mi parte, contraje matrimonio con Luisa de Llanos Noriega, hija de don Bernardo de Llanos Cifuentes, regidor perpetuo del concejo de Gijón y coronel de Infantería del Regimiento Principal de Oviedo, contando yo 19 años, lo que provocó cierta oposición familiar. Nos unimos en matrimonio el 21 de abril de 1818, y al morir ella poco después, en 1821, contraje nuevas nupcias, en 1827, con María Cortés Llanos, hija del coronel don Francisco de Cortés. De este matrimonio nació mi hijo Sebastián de Soto Cortés.

—Por lo que me dice don Ramón Rodríguez, usted se encuentra en muy saneada situación económica.

—Sí, es cierto. Al haber muerto mi hermano Sebastián sin descendencia, pasaron a mí diversas propiedades que me convirtieron en «un rico hacendado del oriente de Asturias», que es como tiene la gentileza de denominarme su amigo y mío don Ramón Rodríguez. Ahora bien: no me limité a recibir esta herencia de manera pasiva, sino que procuré engrandecerla.

—¿Comprando bienes desamortizados?

—Antes de que se perdieran por abandono o en otras manos... Téngame por buen católico, Noriega, ante todo. Además, mis bienes no se reducían a Asturias, sino que también tengo posesiones en Sevilla e intereses comerciales y bancarios en Burdeos.

—De todos modos, calculo que la administración de sus bienes le dejará mucho tiempo libre. Y con tiempo libre y mucho dinero, se pueden ir formando buenas colecciones bibliográficas y artísticas.

—Sí, es cierto, pero no crea usted que yo limité mi actividad a la de un hidalgo rural que vive entre sus casas de Labra y Posada dedicado a una actividad tan extravagante como es el coleccionar libros. También me dediqué a la política, como le corresponde a mi clase y condición, siendo miembro de la Junta General del Principado en representación de Cangas de Onís, y más tarde, diputado provincial desde 1835 a 1847. En las elecciones de 1836 para la formación de las Cortes Constituyentes yo figuré como diputado suplente por la circunscripción de Oviedo, siendo diputado titular don Agustín Argüelles, el cual, al optar por la circunscripción de Madrid, dejó vacante la de Oviedo, por lo que le sustituí, tomando posesión de mi cargo de diputado por Asturias en Madrid el 4 de noviembre de 1836. Pero lo mío no era la política, por lo que presenté la renuncia al acta de diputado, siendo aceptada el 28 de febrero de 1837. Me sucedió don Alejandro Mon, que sí es un político nato. Posteriormente, de 1847 a 1852, fui de nuevo diputado provincial en representación de Cangas de Onís. Siempre como liberal.

—¿Cómo empezó a formar su biblioteca?

—Oh, eso llevaría mucho tiempo detallarlo. He conseguido reunir incunables, ediciones raras y manuscritos importantes, además de una buena colección musical, pues soy algo músico y capaz de tocar el violín y la viola. Entre mis joyas se cuenta un violín Stradivarius, que había pertenecido al cardenal Inguanzo, buen amigo mío. En mis frecuentes viajes, tanto por España como por el extranjero, procuré aumentar las colecciones bibliográficas y artísticas.

—Siendo hombre de tanto libro, ¿no le dio por escribir?

—No, escribí poco. Pero colaboré, porque él me lo pidió, con don José Caveda y Nava en la «Memoria histórica sobre la Junta General del Principado».

—¿Conoció a don Roberto Frassinelli?

—Sí, claro. Era un depredador. También padeció el influjo de pésimas amistades que afearon su personalidad póstuma.

La Nueva España · 17 de enero de 2005